Lo cierto es que me lo esperaba, son demasiado simples para pensar de otra manera. Para adivinar que nosotros, juntos, la clase, somos una unidad. Una entidad.
Y ellas nos rompen.
Pero quiero ser objetiva, quiero entenderlas. Entiendo que tengan miedo, no es fácil enfrentarse a un profesor, no es fácil ser valiente y permanecer sujetando la cadena que los demás te tienden. Y para conseguir algo, hay que sacrificar otras cosas. A lo mejor ellas no estaban dispuestas a sacrificar nada.
Y puedo entenderlas, claro. Puedo imaginarme sus motivos y sus miedos, aunque digan que no los tienen, pero no puedo comprender su egoísmo. Si somos un grupo, ¿por qué no nos apoyan? ¿Por qué siguen sin nosotros y nos dan la espalda? ¿Tan grandes se creen? ¿Tan grandes y fuertes que pueden desligarse del grupo?
Porque ésta es la gota que colma el vaso, y la próxima vez, tal vez simplemente no pidamos su opinión. A fin de cuentas, son ellas las que se han separado del resto.
Son ellas las que nos han abandonado.

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